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Por Roberto Soto
Arranz |
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Aún existen en España Bibliotecarios de ruta, adscritos
a servicios móviles de biblioteca, que no han logrado de sus entidades
pagadoras el reconocimiento de una categoría profesional acorde con
las funciones que desempeñan.
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Su
pretensión de conseguir el ascenso no es un fenómeno nuevo, al
tiempo que el paso de los años va aportando razones verdaderas y
documentadas que la avalen, desde los resultados anuales del
Servicio que realizan hasta su reconocimiento por las autoridades
deontológicas de la profesión bibliotecaria.
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1. En
la mayor parte de las veces, el Servicio de Bibliobús está
planteado como eminentemente rural, y supone el contacto más
directo y numeroso con la cultura dispensada desde las Instituciones
Públicas con la masa social; es, por tanto, un servicio de base,
también imprescindible para el funcionamiento de otros más
sofisticados, a la vez que dirigido a personas que muy posiblemente
no vayan a tener más oportunidades de acceder a la actuación
cultural de origen público. El hecho de otorgar semejantes
responsabilidades a profesionales de los que sólo cabe esperar la
iniciativa y los recursos de un Bachiller Superior (Categoría C),
aconseja la Categoría B para unos trabajadores de los que depende
la imagen más cercana, inmediata e impactante que de la Institución
a la que sirven pueda tener una gran parte de los usuarios.
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2. Dentro
ya del esquema Bibliotecario, la labor de los Bibliotecarios de ruta
es significativa tanto por su calidad como por su volumen, factores
ambos, que más allá de la Categoría profesional en la que se
inscriben, han sido el fruto constante de una buena voluntad
inquebrantada.
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En
cuanto a los resultados cualitativos, se han seguido cumpliendo las
conclusiones que ya en 1956, la bibliotecaria Aurora Cuartero,
establecía como garantes del funcionamiento óptimo de un Servicio
de Bibliobús: "romper los estados de absentismo hacia los
libros, economizar recursos del servicio, graduando su detención,
sus gastos y su inversión general, pasando de largo por donde no es
útil, intensificándose allí donde lo es y, sobre todo, fijando
lugares en que vale la pena gastar la suma necesaria para construir
o alquilar un edificio y establecer una biblioteca inamovible e
irrevocable. Es, pues, propaganda; y, es, además, la vanguardia y
la antena del servicio fijo".
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Del
cumplimiento de estas constantes da buena cuenta los exitosos
niveles de fidelización de usuarios, como se desprende de las
encuestas y testimonios recogidos a lo largo de servicios de
biblioteca móvil nacionales y extranjeros.
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3. En
1999, con la publicación de su Informe sobre la situación de
los bibliobuses en España, el Ministerio de Educación y
Cultura, a través de la Subdirección General de Coordinación
Bibliotecaria, recomienda la urgente necesidad de equiparar a
todos los Bibliotecarios de ruta pues, no en vano, en el ámbito
nacional, el 64% ocupan plaza de técnico, diplomado o superior. En
este sentido, la situación se torna vergonzante si consideramos que
se está negando el reconocimiento profesional y económico de ese
64% a Bibliotecarios que realizan las mismas funciones, aplican los
mismos conocimientos y desarrollan las mismas habilidades que ellos.
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4. La
IFLA (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y
Bibliotecas) defiende que cada Bibliobús ha de ser tenido como,
siguiendo su terminología, un Punto de Servicio, es decir,
"punto del sistema de biblioteca pública a través del cual
accede el público al servicio de biblioteca pública. Puede ser una
biblioteca central, regional, de barrio o sucursal, una biblioteca
móvil, una colección en depósito o un punto especial de
servicio en un hospital, una prisión u otra institución". La
relevancia de este dato estriba en que la IFLA solamente considera
perfectamente atendidos los Puntos de Servicio cuando están a cargo
de Bibliotecarios con una formación equivalente, al menos, a una
Diplomatura universitaria (Categoría B)
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5. Los
Lineamientos sobre Bibliotecas Móviles de Robert Pestell, producto
de la Mesa Redonda sobre Biblioteca Móviles en el seno de la IFLA(1991),
también fijan la categoría profesional del Encargado de las
mismas dentro de la titulación universitaria de grado medio
(Categoría B)
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6. El
propio Ministerio de Educación Cultura y Deporte, mediante la
publicación de El servicio de bibliobús : Pautas básicas para
su funcionamiento (2002), establece que “el Bibliotecario debe
tener una titulación superior, o como mínimo, una diplomatura
universitaria en biblioteconomía y documentación”.
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7. La
Asociación Castellano-leonesa de profesionales de bibliotecas móviles
(ACLEBIM) fija el nivel
profesional de los Bibliotecarios de ruta en el propio de una
titulación universitaria media, como mínimo, según se establece
en el manual La biblioteca móvil
(2001)
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8. Los
Bibliotecarios de ruta desempeñan unas funciones y desarrollan unas
tareas que autoridades bibliotecarias (nacionales e
internacionales), disposiciones legales y planes de estudio
atribuyen a la Categoría B, y algunas incluso a la Categoría A:
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Antonio
Martín Oñate, Bibliotecario implicado en la implantación
del Servicio de Bibliobús en Málaga, defiende en los
Encargados una formación relativa a la Diplomatura (Categoría
B)
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Manuel
Carrión, exdirector jubilado de la Hemeroteca Nacional,
encuadra a los Bibliotecarios de ruta en los que califica como
"Bibliotecarios de ejecución", es decir, los
propios para los trabajos rutinarios precisos en la
biblioteca, para la dirección de sucursales o servicios de
menor responsabilidad, y para las tareas informativas dentro
de la dimensión cultural que tienen sobre todo las
bibliotecas públicas. En este sentido, el Servicio de
Información y Referencia, de Orientación al público y de
Formación de usuarios es, junto al Préstamo, la labor
fundamental de un Bibliotecario en ruta; labor difícil por la
intrínseca necesidad de un amplio bagaje cultural, dificultad
agrandada si se tiene en cuenta la falta de instrumentos de
apoyo (diccionarios, enciclopedias...) de que se dispone en un
bibliobús por la falta de espacio, aún hoy cuando la
informatización no ha llegado a tantos Servicios como cabría
desear.
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El
Real Decreto de 30 de Agosto de 1991 estableció el Título
Oficial de Diplomado de Biblioteconomía y Documentación y,
con él, el temario de asignaturas cuyo dominio se exige para
su obtención, buena parte de las cuales son necesarias para
el correcto desempeño de las funciones del Encargado de
Bibliobús: gestión bibliotecaria (selección de las obras,
catalogación y clasificación, ordenación física, circulación),
información y referencia, buscas...
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El
Real Decreto 912/1992, de 17 de Julio instituyó el Título
Oficial de Licenciatura en Documentación, entre cuyas
materias establece la Estadística, la planificación y
evaluación de servicios o su informatización, tareas propias
de un Encargado de Bibliobús.
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9. Las
sucesivas convocatorias de oposiciones para cubrir las plazas que
ocupan los Bibliotecarios de ruta suelen contar con la misma
estructura, semejantes número y entidad de sus ejercicios y similar
temario que cualquiera de las convocadas por las administraciones públicas
para cubrir vacantes de Bibliotecarios de nivel B.
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